Entraste fuertemente
aquel día a mi alma.
Eras olas, viento, marea
y luego . . .
luego te convertiste en mí.
Dejé ya todo por tí,
dejaría mi vida también.
La dejaría junto a aquel beso
que por recibir moriría.
Sigo sintiendo
la fuerza de tus manos
rozando por mi cara
como la brisa del verano.
Déjame libre, por favor.
Aleja tu alma y tu cuerpo
de lo úino que me queda:
. . . y o . . .
lunes, 22 de octubre de 2007
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