Una vez más, una vez menos.
Después, él caminño hacia el hielo,
un corazón más, una lágrima menos.
Me sorprendió la luz de la noche,
me escupió la sombra de los focos.
Tu voz, tus ojos,
mi delirio.
Tú, luna . . . mi sol.
Todos quieren dormir, déjenme soñar,
soñar y vivir, vivir sin llorar,
llorar y dormir sin dormir.
Rosas verdes, corazones muertos,
espejos sin reflejo, tus ojos y yo.
Limitada, sin decir lo que quiero
y sin querer lo que digo.
Deseando vivir hundida en tu pecho,
y aunque aun no creo en el destino
creo y confio en que mi destino
tal vez muere contigo.
Flavia A. Goya Lañas
lunes, 22 de octubre de 2007
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