miércoles, 10 de octubre de 2007

Vamos a Macondo,
donde la miel no obedece a la gravedad.
Donde los claveles cantan y juegan,
donde la luna no deja de llorar.

Vamos a Macondo,
vamos a escribir,
prendámos fuego en los lagos,
que las luciérnagas nos hagan reír.

No regresemos de Macondo,
no dejemos de sentir,
vivamos en soledad, en compañía.
Vivamos en Macondo,
con luna, sin sol.

¿Estás, acaso, tú en Macondo?
Puede que no, puede que no.
Porque salió la luna.
Porque esa mariposa cantó.
Porque no estás en Macondo,
porque no estamos en Macondo.

No me esperes en Macondo,
no compartamos el mar,
la luna, la arena,
ni besos ni abrazos.

No me esperes ni en macondo,
ni en tu casa,
ni en tus manos,
ni en tu sol.

No me esperes,
no llegaré.
Me quedaré en Macondo.
Sin tí,
sin tus claveles.

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