Pero quién,
si no yo,
podría pensar en mantene una mariposa
para siempre.
Ilusa llena de ilusiones,
la mariposa voló.
Se fue donde no la puedan cazar.
Lejos de mí y de todo lo que yo implico.
Y entonces, yo jugué a ser un camaleón.
Pero no,
eso de querer ser algo más
no es lo mío.
Ahí fue cuando descubrí
que ser una estatua no podía ser tan malo.
Desde ese día, dejo que las aves descansen en mis hombros.
Pero, ¿qué pasó con aquella mariposa?
Pues aún no lo sé,
esa marposa no se quiso posar en mis hombro
otra vez.
Y así pasó la vida
lejos de esa mariposa
que jamás se dejó cazar
por mí.
jueves, 4 de diciembre de 2008
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