lunes, 22 de octubre de 2007

Queda prohibido hablar,
recordar, sentir, llorar.
Queda prohibido porque ella,
ella no quiere seguir llorando por él.

"No te alejes de mí,
no te vayas.
Te voy a extrañar . . ."
Te va a extrañar.

Pero no le importó.
Él se fue sin pensar;
no pensó en ella,
no pensó en ellos.
No pensó.

Queda prohibido inventar,
escribir historias falsas,
escribir historias de amor,
escribir para recordar.

Queda prohibido
porque ella no lo quiso amar.

Quedó prohibido hacer las cosas
que le hicieran acordar a él,
pero a ella no le importó.
Pasó el tiempo, siguió escribiendo,
se olvidó del mundo, pensó en los dos.
Siguió pasando el tiempo.

Todo desapareció,
ella lo perdió.
Entraste fuertemente
aquel día a mi alma.
Eras olas, viento, marea
y luego . . .
luego te convertiste en mí.

Dejé ya todo por tí,
dejaría mi vida también.
La dejaría junto a aquel beso
que por recibir moriría.

Sigo sintiendo
la fuerza de tus manos
rozando por mi cara
como la brisa del verano.

Déjame libre, por favor.
Aleja tu alma y tu cuerpo
de lo úino que me queda:
. . . y o . . .
Levantarme cada mañana,
abrir los ojos, odiar al sol,
caminar sobre la cuerda floja
y ganarme un Oscar a la mejor acrtiz.

Aquí estoy yo.
Entre idilios y fuentes de agua,
queriendo decirle a la luna que baje,
que duerma conmigo, que me cante una canción.

Aquí estoy yo.
Sostengo notas sin que nada suene.
Guitarras y pianos me quieren hablar.
Pero no, gracias. Tengo un pincel.

Aquí estoy yo.
Con trazos sin sentido,
sin sueños, con utopías.
Lienzos, deseos de pensar, agua, de vivir, color.

Aquí estoy yo.
Flamenqueando en nubes,
Festejando en mi suelo,
y una buena Marinera ya sea Limeña, del Norte o del Sur.
Pasión, ritmos, música, yo.
Yo que nada de esto se bailar.

Aquí esoty yo, al fin.
Escribiendo sobre m´.
Egoísmo, bastante, basta.

Pero bueno, aquí estoy.
Jamás vi tanta gente,
jamás como en Machu Picchu.
Jamás.
Todos iguales, todos distintos.
Y yo?
Yo no sé.

Se acercaron,
puede que se hayan burlado.
Y yo?
Yo unca supe.

Solo me mantuve sentada
frente a una fuente de Aguas Calientes . . .
y los observé.
Vinieron, se fueron.
Y aún así no lo supe.
Solo parecía que una bomba iba a explotar.
Y yo que hice?
Despues de oler el humo . . . escribí.
Aunque nunca supe qué.
Jamás. Ni en Machu Picchu.
Ni junto a la fuente de Aguas Calientes.

Y aún sigo esperando
algñun dñia descubrir
algo que alguna vez
escribí en alguna banca
en mi único Machu Picchu.
Todo estaba bien,
todo iba cambiando
hasta que llegaste, regresaste.
Lo siento, no estaba preparada.

Todos hablan, te recuerdan.
Yo me muerdo los labios,
recordando lo que nadie puede recordar,
caminando por la luna de tu mano.

Bajé el volumen de alguna canción.
¿Por qué? Si tu jamás lo dijiste.
¿Por qué? Si tu jamás lo sentiste.
Solo bajé el volumen.

Tú, indiferente.
Tú, tierno, inconstante.
Tú, cerrado, amable.
Tú, una imagen para mí.

Tu cara aún sobre la luna,
su luz aún sobre tus ojos,
tu luz aún sobre mí.
Mis sueños, mis deseos, mi luna.
Ahora todo lejos, muy lejos de tí.

Pero todo es ciencia ficción,
Mea Culpa si lloro después.
Una vez más, una vez menos.
Después, él caminño hacia el hielo,
un corazón más, una lágrima menos.

Me sorprendió la luz de la noche,
me escupió la sombra de los focos.
Tu voz, tus ojos,
mi delirio.
Tú, luna . . . mi sol.

Todos quieren dormir, déjenme soñar,
soñar y vivir, vivir sin llorar,
llorar y dormir sin dormir.

Rosas verdes, corazones muertos,
espejos sin reflejo, tus ojos y yo.
Limitada, sin decir lo que quiero
y sin querer lo que digo.

Deseando vivir hundida en tu pecho,
y aunque aun no creo en el destino
creo y confio en que mi destino
tal vez muere contigo.


Flavia A. Goya Lañas

miércoles, 10 de octubre de 2007

Tonta yo, que alguna vez
escuché musica sólo por un corazón.
Y, por querer alcanzar la perfección de una nota,
quedé limitada a dejar de ser yo.

Y, ¿quién soy yo?
Podría ser una hoja en los montes de sombras del sol.
Podría ser una gota en el ancho y ajeno mar.
Podría ser muchas cosas, pero sólo soy yo.
El reflejo de algo que podría.

Y se podría junto a la falsa añoranza,
el fuerte y vano deseo de ser una gota,
tan solo una miserable gota
en el ancho, ajeno e infinito mar.

Trenes, carros y botes.
Todos simultáneos, marenates,
limitantes.
Creados por mí y por mi falsa añoranza,
por mi fuerte y vano deseo de no querer,
no poder aceptar lo que soy:
un humano que se equivocó,
y alguna vez quiso escuchar música
por un solo corazón.
Y así fue como la luna no salió.
Así fue.
Ya no brillan las estrellas,
las olas ya no cantan.
Así fue.

Así fue como se opacó el arco iris,
los grillos se quedaron sin voz,
las nubes sin sueños,
los ojos sin luz.
Así fue.

Plumas sin tinta. Ozono.
Tú.
Así fue como yo me quedé sin tí.
Ni tu voz, ni tus ojos,
ni tus sueños, ni tu ser.

Así fue como todo se fue.
Siguiendo a una hoja
que se aleja de un árbol
gracias al viento que se fue,
también.

Así fue.


Flavia A. Goya Lañas
Vamos a Macondo,
donde la miel no obedece a la gravedad.
Donde los claveles cantan y juegan,
donde la luna no deja de llorar.

Vamos a Macondo,
vamos a escribir,
prendámos fuego en los lagos,
que las luciérnagas nos hagan reír.

No regresemos de Macondo,
no dejemos de sentir,
vivamos en soledad, en compañía.
Vivamos en Macondo,
con luna, sin sol.

¿Estás, acaso, tú en Macondo?
Puede que no, puede que no.
Porque salió la luna.
Porque esa mariposa cantó.
Porque no estás en Macondo,
porque no estamos en Macondo.

No me esperes en Macondo,
no compartamos el mar,
la luna, la arena,
ni besos ni abrazos.

No me esperes ni en macondo,
ni en tu casa,
ni en tus manos,
ni en tu sol.

No me esperes,
no llegaré.
Me quedaré en Macondo.
Sin tí,
sin tus claveles.
Cerremos los ojos,
vamos a jugar.
Por fin encontré Makondo
y me regaló un poco de lluvia.

¿Te gusta este castillo?
Lo hizo mi mamá.
Está lleno de claveles.
Rojos.
Rojos de verdad.

Pero ten cuidado si vas a viajar,
porque me dejaste sin luna desde junio.
Y si te vas, busca un buen hotel.
Porque hay unos muy baratos
que no te van a tratar bien.

Sino, puedes hospedarte en la Laguna de Llanganuco.
Ahí hay sirenas.
Son sabias las sirenas,
ellas sí saben a quién besar.

Y tal vez, hasta una de ellas,
sí pueda llevarte hasta el mar,
ya que tu me soltaste la mano
apenas pudimos pisar un poco de arena.

Pero está bien.
Si no quieres jugar conmigo, está bien.
Sólo no te aburras
y vé a nadar.


Flavia A. Goya Lañas